Veinte años sin Anquetil
Escrito por: Ramon PolMañana se cumplen 20 años de la muerte de Jacques Anquetil, el gran dominador del pelotón en los años 60. El campeón normando, fallecido a causa de un cáncer de estómago, tendría hoy 73 años, y seguramente su opinión, nunca complaciente, no pasaría desapercibida en estos años tan convulsos que atraviesa el ciclismo.
“Maitre Jacques” fue el primer ser humano en ganar cinco veces el Tour de Francia, inaugurando ese selecto club de los quíntuples ganadores, póquer prodigioso que conformó el panteón ciclista (Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain) hasta que llegó Armstrong a romper la baraja. Aún así, tan sólo Gimondi, Merckx e Hinault acompañan al francés como ganadores de las “tres grandes” (Armstrong no corrió ni siquiera una sóla vez el Giro de Italia, e Indurain ignoró la Vuelta durante sus años de plenitud).
En su economía del esfuerzo, su imbatibilidad en las contrarrelojes, su desdén por las clásicas y su generosidad con sus gregarios, Anquetil podría compararse con Miguel Indurain, aunque nunca ”regaló” las victorias parciales a sus adversarios más directos, como si hizo el navarro. Anquetil no dejó ni las migajas a enemigos “íntimos” como Raymond Poulidor. Poulidor, el “pueblerino” de buenos sentimientos que el público francés tomó como ídolo, poco coincidía con Anquetil, un hombre que, pese a sus orígenes modestos, adoptaba ademanes de hombre de mundo. No le gustaba entrenar, fumaba, apreciaba los buenos vinos y el marisco, su mujer le esperaba en la meta para limpiarle la cara y salir así impecable en las fotos, y además no tenía pelos en la lengua: en un acto que hoy tomaríamos por suicida, declaró abiertamente haberse dopado, porque, como “los profesores de geografía, los ciclistas también tienen derecho a cuidarse”. En 1966 lideró un plantón de corredores contra los controles antidopaje, y en 1967 su record de la hora fue anulado por negarse a pasar los controles, entre otras cosas.
Como los grandes, hizo de su vida una obra de arte. Nos quedamos con dos momentos. El primero, su recuperación portentosa en la etapa del Envalira del Tour de 1964. Anquetil se atiborró a cordero y caracoles antes de la salida, pues un astrólogo había predecido su muerte en el descenso del Envalira. Anquetil sufrió durante toda la etapa, coronó el puerto con varios minutos de diferencia, después de vomitar, y logró reducir la diferencia en un descenso suicida. El segundo momento fue su doblete Dauphiné-Liberé y Bordeaux - Paris en 1965. Después de una semana de carrera, Anquetil resultó vencedor de la Dauphiné-Liberé, y esa misma madrugada tomó la salida en la Bordeaux-Paris, carrera de un día de más de 500 km., resultando vencedor de la misma.
